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BIOGRAFÍA: JOSÉ RAÚL CAPABLANCA

Después de la Gran Guerra, el pulso de la vida ajedrecista se aceleró. En varios países empezaron a organizarse regularmente competiciones internacionales y nuevos ajedrecistas salieron a la arena internacional. Se dejó de creer en la evidente superioridad del campeón del mundo. En 1921, Lasker y Capablanca se enfrentaron en una competición individual. Adornado de particulares dones y prerrogativas por la naturaleza, el ajedrecista cubano convenció, con una serie de logros brillantes, al mundo del ajedrez de que tenía derecho a disputar el título al primer ajedrecista del mundo, y salió victorioso de este encuentro celebrado en La Habana. Tras haber sufrido la cuarta derrota, Lasker se dio por vencido. Diez partidas finalizaron en tablas, y el gran maestro alemán no consiguió ganar siquiera una.
Capablanca contra Lasker Moscú 1925
Capablanca contra Lasker Moscú 1925
Los comienzos de carrera ajedrecística de Capablanca están envueltos en leyendas, pues decía que nadie le había enseñado las reglas del ajedrez, que las aprendió viendo jugar a su padre. Contaba sólo cuatro años cuando hizo un inesperado comentario sobre un movimiento efectuado por su padre en una partida jugada entre varios amigos; de esta manera se supo que le pequeño José sabía jugar al ajedrez. El propio José Raúl lo describe así en su libro My chess career: “Apenas iba a cumplir cinco años cuando por accidente entré a la oficina de mi padre y lo encontré con otro caballero. Nunca había visto un juego de ajedrez; me interesé y volví al día siguiente a verlos jugar. Al tercer día, mientras observaba, mi padre, apenas un principiante, movió un caballo de un cuadro blanco a otro del mismo color. Su adversario –sin dudas de nivel similar- no se dio cuenta. Mi padre ganó y entonces yo le dije que era un hombre tramposo y me reí. Me preguntó qué sabía yo de ajedrez, a lo cual repliqué que podría ganarle la partida. Mi padre me dijo que era imposible, pues me consideraba incapaz de colocar las piezas. Sin embargo, ensayamos y le gané.”
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La irrupción de Capablanca en el universo de Caissa parece cosa de un cuento de hadas, pero tiene una base real, que es la popularidad del ajedrez en La Habana en las postrimerías del Siglo XIX. La capital cubana fue dos veces visitada por el primogénito de los niños prodigios del ajedrez, el norteamericano Paul Charles Morphy, y cuatro años después de su muerte nació el segundo niño prodigio del ajedrez mundial. El primer campeón mundial fue el austriaco William Steinitz, en 1886, y la primera defensa de su título la hizo en La Habana, en 1889, frente al padre de la escuela rusa, Mijail Chigorin. Por entonces, Steinitz bautizó al Club de Ajedrez de La Habana y por ende a la ciudad, como el dorado del ajedrez. Casi todos los maestros de primera línea en el mundo de la época fueron huéspedes del club. Estos acontecimientos provocaron el clima propicio para el surgimiento del genio.
La partida más antigua que se conserva de José Raúl data de la edad de cinco años y fue jugada en el club de Ajedrez de La Habana el 17 de septiembre de 1893 frente a Ramón Iglesias, quien ofreció al chiquillo la dama de ventaja. Este es el histórico cotejo:
Blancas: Iglesias - Negras: Capablanca
1.e4 e5 2.Cf3 Cf6 3.Ce5 Ce4 4.d4 d6 5.Cf3 Ae7 6.Ad3 Cf6 7.c4 0-0 8.Cc3 Cc6 9.a3 a6 10.Ad2 b6 11.0-0-0 Ad7 12.Rb1 Ca5 13.Tc1 Cb3 14.Tc2 c5 15.d5 Te8 16.h4 b5 17.g4 Cd4 18.Cd4 cd4 19.Ce4 bc5 20Cf6+ Af6 21.Ac4 Af4 22.Ad3 Af3 23.Th3 Ad5 24.h5 Ae6 25.Tg3 g6 26.f4 Ah4 27.Tg1 Rh8 28.f5 Af5 29.Af5 gf5 30.Ah6 Tg8 31.Tcg2 Tg2 32.Tg2 Df6 33.Ag7+ Dg7 34.Tg7 Rg7 35.Rc2 Rf6 36.Rd3 Re5 37.h6 f4 38.Re2 Re5 y Ramón Iglesias reconoció su derrota frente al chico.
Contando siete años le ganó una partida con igual handicap al francés Tabernhaus, de visita el La Habana, quien años más tarde, cuando ya José Raúl gozaba de fama universal, aseguraba que era el único maestro que se había atrevido a darle la dama de ventaja a Capablanca.
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Estas leyendas podrán causar admiración o escepticismo; pero la verdad es que Capablanca sorprendió siempre a los circunstantes por su facilidad para resolver los problemas de ajedrez más complejos. En cierta ocasión dijo: “Me basta dar una ojeada al tablero para ver claramente el contenido de la posición. Ustedes calculan aproximadamente lo que puede suceder, lo que sucederá; ustedes lo buscan, y yo lo conozco.”
A los ocho años empezó los domingos a frecuentar el Casino de Ajedrez de La Habana. Hizo grandes progresos en este arte, y a los doce años era proclamado campeón de Cuba.
En su adolescencia mostró particular interés por los finales, los cuales requieren mucha precisión en su cálculo y valoración.
Steinitz descubrió las leyes del juego posicional y otros maestros notables desarrollaron su doctrina. Capablanca dominó todo lo que se había descubierto en el campo de la estrategia y lo practicó con rapidez y perfección.
Su capacidad para combinar fue indudablemente extraordinaria; a pesar de ello, no le satisfizo la lucha por crear situaciones combinatorias en el tablero. Resolvía rápida y fácilmente las dificultades que se presentaban, y cedía a su contrincante el dolor de la creación al paso que lo examinaba con aire de autómata.
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El ingenioso corresponsal de ajedrez y gran maestro Tartakover escribió sobre él: “Su fogosa sangre cubana, influida por el sentido práctico de los norteamericanos, ha creado esta maravilla técnica del ajedrez: infalibilidad en el juego, imaginación serena y precisa y jugadas que introducen la sensatez en el campo romántico del ajedrez.”
En 1909, vence al destacado ajedrecista norteamericano Marshall por +8-1=14 en una competición individual. Al derrotar a Marshall, José Raúl se consideró campeón de los Estados Unidos. Lo que provocó algunos incidentes, y una vez que le convencieron de que no podía ser campeón de ese país, por no ser norteamericano, hizo algo parecido a Steinitz en 1866 con el título mundial: se proclamo Campeón Panamericano. Fue el primero en emplear tal denominación. En 1911, sale por primera vez a la palestra internacional en el torneo de San Sebastián, aventaja a varios maestros de fama y ocupa el primer puesto de la clasificación.
Marshall contra Capablanca EE.UU. 1909
Marshall contra Capablanca EE.UU. 1909
Perfecciona pronto su estilo de juego; gana a sus competidores en las posiciones más simples y claras, aprovecha con singular maestría cualquier ventaja, por pequeña que sea, y juega con una facilidad y precisión sorprendentes los finales de partida. Imperturbable, ataja todo intento de su contrincante de complicar con continuaciones arriesgadas la lucha, y estima innecesario arriesgarse.
En cierta ocasión le propusieron probar fortuna en el juego de ruleta; pero rechazó tal proposición, diciendo que no tenía necesidad de tentar la suerte. Realmente ésta le sonreía.
Lasker hubo de enfrentarse con un contendiente al cual no pudo sacar de sus casillas, con un hombre cuyo estilo carecía de debilidades humanas.
El mundo del ajedrez reconoció incondicionalmente la victoria de Capablanca sobre Lasker. Al nuevo campeón del mundo le acompañaron epítetos halagadores, como “autómata ajedrecista”, “elegido de los dioses” y “genial cubano”.
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Pero la victoria en cuestión tuvo también un lado negativo: tras haber logrado su más alto objetivo, perdió el estímulo por continuar perfeccionándose. Antes de lograrlo rara vez perdió una partida; en la cima del éxito, la preocupación por conjurar el peligro de perder hizo que bajase su diapasón artístico.
Trabajó racionalmente en su preparación ajedrecista. Después que llegó al cenit de sus éxitos, tras diez años de no haber perdido una sola partida y de estar considerado por los historiadores del ajedrez como un fenómeno insólito, parece que le agradaba ser un “autómata ajedrecista”. Esto fue la causa primera de su decadencia artística.
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En 1927, y en Nueva York, se organizó un torneo a cuatro rondas entre los seis ajedrecistas más destacados, para nombrar el futuro pretendiente al trono mundial. Capablanca tomo parte en él, aventajó a Alekhine en dos puntos y medio y ocupó brillantemente el primer puesto de la clasificación. Los seguidores de Capablanca celebraron aquella victoria. Por su parte, Alekhine obtuvo el derecho a disputar el título de campeón del mundo y se enteró de lo que los demás desconocían: el juego del titular tenía defectos bastante serios. Esto le indujo a analizar seriamente sus partidas; pero no publicó los resultados de sus análisis hasta después de derrotarlo contra todo pronóstico. Esto sucedía en el año 1927. No previó Capablanca el real desenlace y pasó por alto reglamentar la obligatoriedad del derecho a revancha, por lo que pasó el resto de su existencia añorando una oportunidad para reconquistar la corona. Miguel Najdorf dijo a los redactores sobre este tema: “Capablanca subestimó a Alekhine. Ese match no lo ganó Alekhine, lo perdió Capablanca, porque olvidó que Alekhine también era un gran jugador”.
Perdido que hubo el título, Capablanca continuó tomando parte en los torneos, realizó magníficas partidas y se clasificó en los primeros puestos. Así y todo, se desvaneció la ciega fe en su invencibilidad, y el “autómata ajedrecista” dejó de existir.
La victoria de Alekhine, genuino representante de la escuela combinatoria, puso de manifiesto que el antiguo arte ajedrecista está lleno de vitalidad, que entraña todavía muchas sorpresas y que ningún ajedrecista, ni aun el más genial, puede reducir el proceso artístico a automático.
Alekhine contra Capablanca Moscú 1913
Alekhine contra Capablanca Moscú 1913
Capablanca ocupa un lugar destacado en la historia del ajedrez. Todo ajedrecista puede sentirse halagado cuando le dicen que tiene una intuición como Capablanca o que ha realizado una partida al estilo de él.
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Capablanca - Spielmann
Gambito de dama Nueva York, 1927

1.-d4 –d5
2.-Cf3 –e6
3.-c4 –Cd7
4.-Cc3 –Cgf6
5.-Ag5…

Se ha llegado a la conocida posición del gambito de dama por transposición de jugadas.

5.-… -Ab4

Aquí se suele jugar 5.-… -Ae7; pero Spielmann preparó esta novedad para este torneo.

6.-cxd5 –exd5
7.-Da4…

La teoría moderna recomienda 7.-e3; en aquel tiempo, esta variante aún no se había analizado ni ensayado.

7.-… -Axc3+

Esta jugada es desacertada; las negras no deben precipitarse a cambiar este activo alfil. Es mejor seguir 7.-… -De7.

8.-bxc3 –0-0
9.-e3 –c5
10.-Ad3 –c4
11.-Ac2 –De7

Las negras tratan de ganar espacio, impedir el movimiento de ruptura e4 y avanzar los peones del flanco de dama, con el fin de que la dama blanca se retire.

12.-0-0 –a6
13.-Tfe1 –De6

Era prematuro b5, debido a 14.-Da5 –Ab7 15.-Dc7 y a 14.-… -De6 procede la contundente respuesta 15.-a4.

14.-Cd2…

El blanco se propone abrir el centro.

14.-… -b5
15.-Da5 –Ce4

Y el negro trata de conjurar definitivamente el peligro de que se produzca e4. En el caso de 15.-… -Ab7, las blancas podrían continuar 16.-f3 y, luego, 17.-e4.

16.-Cxe4- dxe4
17.-a4! –Dd5
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Podría parecer que las negras han conseguido llevar a buen término su propósito, por cuanto atacan el alfil, obligan al contrincante a perder un tiempo en retirarlo o defenderlo y pueden reforzar las posiciones tomadas, mediante 18.-… -Ab7. Pero…

18.-axb5…

Este inesperado sacrificio impugna el acierto del plan de las negras.

18.-… -Dxg5
19.-Axe4 –Tb8

Después de 19.-… -Ta7 20.-b6 –Dxa5 21.-bxa7!!, las blancas compensan la pérdida de la dama y tienen ventaja material.

20.-bxa6 –Tb5
21.-Dc7...
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Las blancas tienen tres peones por caballo y las negras tendrán que entregar una pieza por el peón blanco a6.

21.-… -Cb6
22.-a7 –Aa6
23.-Teb1 –Txb1+
24.-Txb1 –f5
25.-Af3 –f4
26.-exf4

El negro se rindió.
05.03.2011 18:43:46
nebot
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