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Un asno, al ver que se acercaba un lobo y no podía escapar de su enemigo temido, simuló estar cojo.

El lobo se acercó y le preguntó la causa de su cojera. El asno respondió que al saltar un cerco se había clavado una espina y que prefería morir antes que seguir soportando un dolor tan agudo.

-- Quíteme, por favor, esta espina, señor lobo, y devóreme cuando guste, sin temor a lastimarse la boca. --

El lobo se dejó convencer mansamente; pero, al levantar la pata del borrico para examinarla, recibió una coz tan fuerte que se quedó sin un solo diente.

El lobo, malherido, dijo llorando su desventura:

-- Bien merecido lo tengo porque, siendo mi oficio de carnicero, ¿cómo se me ocurrió hacer de curandero? --

HABLEMOS CON RAZÓN: NO TIENE JUICIO
QUIEN DEJA EL PROPIO POR AJENO OFICIO
el asno y el lobo.jpg
11.11.2010 11:41:23
nebot
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