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Alamut era una fortaleza inexpugnable situada entre las montañas de Elburz, al sur del mar Caspio en lo que actualmente es Irán. Esta fortaleza fue tomada en 1090 por los ismaelitas, una secta minoritaria del Chiísmo que a su vez era minoritario en un país que, por aquel entonces, estaba dominado por el imperio Otomano, de origen turco y religión Sunní. Perseguidos por sus opiniones religiosas los Ismaelitas se hicieron fuertes en esta fortaleza bajo la dirección de Hassan Ibn Sabbah, conocido posteriormente por el viejo de la montaña. Es entonces cuando comienza la leyenda de los Hashashins, “consumidores de hachís”, palabra que ha pasado al castellano como asesino, y ello porque desde Alamut y otras fortificaciones los Ismaelitas se destacaron por la práctica del homicidio político.

En este contexto histórico se sitúa la novela “Alamut”, escrita en 1938 por Vladimir Bartol, y que constituye una denuncia de la manipulación psicológica por parte de las sectas religiosas y los regímenes totalitarios. Con un estilo ameno y seductor, que sabe atrapar el interés del lector, Bartol realiza un análisis psicológico y moral de la personalidad de aquellas personas que son capaces de inmolarse en favor de una causa religiosa. Los Hashashins podrían representar el principio de lo que actualmente conocemos como terroristas suicidas. En la novela veremos el proceso de aprendizaje, mediante el cual la secta va adueñándose de la conciencia y la voluntad de sus acólitos, hasta el punto de poder disponer a placer de la vida y muerte de los mismos. Hemos conocido multitud de casos reales en los que la voluntad de un hombre queda sometida al control de algún tipo de organización religiosa. Pero para la mentalidad Occidental, hedonista y material, sigue pareciéndonos incomprensible este tipo de adhesión extrema a una causa religiosa. En Europa, por ejemplo, ya hemos olvidado que hace algunos siglos nosotros éramos los bárbaros extremistas en materia de religión.

Bartol además de los ingredientes ya citados, contexto histórico y denuncia social, plantea una serie de cuestiones de orden filosófico, durante el transcurso de la trama, que añaden placer a la lectura de esta obra y terminan redondeando la novela de forma magistral. Así sus personajes se plantearan cuestiones como la utilidad de la religión, la estrecha relación entre religión y actitud frente a la muerte. Se profundizará en términos de filosofía religiosa como el Agnosticismo o el Gnosticismo, la fe ciega y la capacidad del hombre para enfrentarse al enigma existencial y a la muerte.

En resumen una novela muy recomendable que me ha fascinado por su polivalencia. Partiendo como novela histórica con el interesante contexto histórico de la fortaleza de Alamut y la secta Ismaelita. Pronto descubrimos la amenidad de la novela de aventuras. Posteriormente encontramos la crítica y la denuncia social a los regímenes totalitarios que adoctrinan a sus acólitos en estrictos dogmas cuya finalidad es despojar al individuo de su capacidad crítica, analítica y de pensamiento propio. Por último degustaremos en pequeñas y agradables dosis de la filosofía existencial y del eterno dilema del hombre frente a su lugar en el universo y la angustia ante la muerte.
16.06.2011 11:19:53
nebot
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